Ya sabéis de nuestra pasión por el cine pero sobre todo, por el cine clásico de terror. Esas películas que en ocasiones hemos tenido que ver en versión original subtitulada porque no hay forma de encontrarla en nuestro idioma.
Muchas veces, y a pesar de sus pocos medios, crean una atmósfera mucho más inquietante de la que se crea con el cine actual. Unas películas capaz de ponerte los pelos de punta con tan sólo una imagen, unas cintas en las que el terror psicológico es más importante que el susto, que te esperas, que da un «Monstruo» moderno. En definitiva, unas películas cuidadas hasta el más mínimo detalle para hacer que el espectador realmente sienta temor
Este es el caso de «Los Inocentes» , una película dirigida por Jack Clayton en 1961 y que no es fácil de encontrar. En ella podemos ver cómo la protagonista, la Señorita Giddens interpretada magistralmente por Deborah Kerr, entra a trabajar en una gran mansión apartada, de estilo victoriano, como institutriz de dos niños huérfanos que están a cargo de su tío, aunque éste no les presta la menor atención ya que está muy ocupado en sus negocios.
Lo que al principio parecía que iba a ser un trabajo más o menos cómodo ya que al llegar a la mansión sólo estaban la pequeña Flora, Pamela Franklin y el ama de llaves la Mrs. Grose, interpretada por Megs Jenkins, empieza a complicarse con la llegada del hermano mayor, Miles, Martin Stephens, al que habían expulsado del internado por mal comportamiento. A partir de ese instante Giddens empieza a ver por la casa la presencia de dos personas a las que Mrs. Grose identifica como Peter Wyngarden y Miss Jessel, el jardinero y la antigua institutriz que tenían una aventura y habían fallecido.
El comportamiento de los dos hermanos, especialmente el de Miles, llega a ser perturbador, lo mismo son unos angelitos que son unos auténticos demonios lo que hace pensar a Giddens que las dos presencias les están influenciando. A partir de ahí la institutriz, presa del miedo e incluso de la histeria, trata de averiguar hasta qué punto está Miles actuando bajo el influjo de estos espíritus y trama un plan para llegar al fondo del asunto… y no seguimos comentando para no hacer spoiler ya que es una película que sin duda hay que ver.
El juego de cámara, unido a unos espectaculares planos en los que se juega magistralmente con las luces y las sombras, hacen que en ningún momento de la película quede claro si los niños ven e interactúan con los antiguos trabajadores. Eso sí, los primeros planos, la iluminación, la falta de ella, la gran interpretación de todos sus personajes y un gran guión hace que desde que empieza hasta que acaba te deje pegado al sofá llegando incluso a sobrecoger en muchos momentos
Pero esta genial película está basada en el libro publicado en 1897 por Henry James «Otra Vuelta de Tuerca» y que escribió después de tener un encuentro en 1895 con el Arzobispo de Canterbury, E.W. Benson, en el que le contó lo que le había pasado a una familia en su mansión en Hampshire. Sin duda esta conversación le sirvió de base ya que, aunque es una ficción, en su interior nos encontramos con descripciones de escenas (y que refleja la película) muy parecidas a lo que sucedió en realidad…
Para contar lo que le ocurrió a esta familia nos vamos a trasladar más de un siglo antes de ese encuentro… En Hinton Ampner, una gran casa solariega de Hamsphire, Inglaterra, hay conocimiento de fenómenos paranormales desde 1765 y lo que es mejor, en una época en la que la fascinación por este tipo de fenómenos no existía por lo que no podían tener influencia alguna, se tienen documentos escritos a manos de los protagonistas de estas historias que decidieron dejar plasmados los hechos que en la casa ocurrían…
Poco conocemos de la casa que se encontró Mary Ricketts, la principal protagonista de esta historia y por la que gracias a sus relatos, tenemos constancia hoy en día de lo que allí ocurrió. Desgraciadamente la casa original no sigue en pié, en los archivos de la Biblioteca Británica hay un plano poco detallado de ella y, aunque se sabe qué era esa vivienda antes de Mary Ricketts se fuese a vivir en ella junto a su familia, sólo nos podemos hacer una pequeña idea de su trazado por medio de sus escritos
El edificio podría ser de planta en forma de E con un gran vestíbulo central, en un ala habría un comedor y en la otra la cocina, la habitación del ama de llaves y el comedor del servicio. Construida en ladrillos y estaba orientada hacia el norte ya que en esa época se creía que los vientos del sur traían enfermedades.
En la planta superior y encima del comedor del servicio se encontraba una habitación Amarilla (foco de nuestra historia), enfrente de ella la habitación de los niños y el cuarto de la niñera (habitación Roja) y en la última planta una buhardilla donde se alojaba el servicio.
La casa estaba vacía ya que sus anteriores dueños, los Stewkeley y sus descendientes, los Stawell, se habían marchado tras perder Lady Stawell a su marido en 1755. Era el cuarto miembro de la familia que fallecía por lo que entre los lugareños de la zona ya se hablaba de que esa casa estaba encantada
La familia Ricketts se trasladó allí en Enero de 1765. Su marido, William Henry, era un gran hombre de negocios gracias a las intervenciones militares de su abuelo, William Penn ( padre del fundador de Pennsylvania), en Jamaica. Mary Ricketts provenía de la alta burguesía de Staffordshire y su hermano John Jervis (que también jugaría un papel importante en todo lo ocurrido) fue tan destacado en la Marina Real que llegó a recibir el título de Conde.
La familia Ricketts se trasladó allí en Enero de 1765. Su marido, William Henry, era un gran hombre de negocios gracias a las intervenciones militares de su abuelo, William Penn ( padre del fundador de Pennsylvania), en Jamaica. Mary Ricketts provenía de la alta burguesía de Staffordshire y su hermano John Jervis (que también jugaría un papel importante en todo lo ocurrido) fue tan destacado en la Marina Real que llegó a recibir el título de Conde.
Al poco de trasladarse Mary Ricketts empezaría a escribir en su diario todo lo que en esa mansión ocurría. Lo primero que anota son los ruidos nocturnos que ocurren en la planta superior mientras duermen, ella los describió como portazos, y le pidió a su marido que fuera a mirar la causa pensando que eran producido por el servicio o por alguien que hubiera entrado en la vivienda, pero allí no había nadie. Tras varias noches escuchando lo mismo decidieron cambiar todas las cerraduras de las puerta pero no consiguieron que el ruido cesara. A los pocos días, su gata empezó a tener un comportamiento extraño, de estar sentada en cualquier lado tranquila pasaba a esconderse en las piernas de la señora Ricketts como si algo le atemorizara hasta que, en breve espacio de tiempo, el animal pasaba a su estado habitual
Una noche de Junio la niñera Elisabeth Brelsford se encontraba sentada junto al bebé en la habitación de los niños cuando vió pasar por la puerta a un hombre por el pasillo vestido con «un traje de colores apagados» que entraba en la habitación Amarilla. Poco después apareció su compañera Molly que le traía la cena por lo que le preguntó quién era ese hombre que había visto y que no conocía. Al ver que ese hombre era un extraño fueron corriendo hacia el dormitorio pero allí no había nadie. Cuando se lo contaron a la señora Ricketts ésta no le prestó la mayor atención y lo achacó a las supersticiones que se suponían que tenía la clase baja. Este hecho lo escribió en su diario al tiempo de haber ocurrido ya que después de todas las vivencias que tendría, se dio cuenta de que había subestimado algo que realmente tenía importancia
Unos meses más tarde fue otro trabajador el que vio al mismo hombre. En este caso George Turner lo vio delante de él en el vestíbulo mientras que se dirigía hacia la cama aunque no le dio más importancia porque creyó que era un trabajador nuevo de la casa que se dirigía a dormir. El problema llegó cuando se percató que en su habitación estaban los de siempre y el hombre no se encontraba en ningún lado.
En Julio de 1767 la familia regresó a la casa después de que Mary diera a luz a su segundo hijo, Edward. Ahí fue cuando cuatro personas vieron, en este caso, la aparición en la cocina de una mujer vestida de seda cruzando con prisas la habitación a través de la puerta de la casa y que desapareció ante sus ojos después de que la cocinera entrara en la estancia.
Los ruidos y apariciones seguían produciéndose de forma ocasional pero casi se habían acostumbrado a ellos. En Noviembre de 1769 William tuvo que ir hacia Jamaica para encargarse de unos negocios por lo que su mujer y sus tres hijos, Mary había dado a luz a una niña en 1768, se quedaron en Hinton acompañados de siete personas del servicio
La señora Ricketts se trasladó a dormir a la habitación Roja para estar más cerca de los niños pero los fantasmas seguían en el pasillo. Más de una noche tuvo que pasar buscando dentro de los armarios el origen del sonido de ropa de seda que rozaba fuertemente las puertas aunque no encontraba su origen. Esto hizo que el personal de servicio que estaba en la casa fueran despidiéndose por lo que tuvo que contratar a otros nuevos
Con la llegada del verano los fenómenos se recrudecieron. Un día en el que Mary estaba acostada en la habitación Amarilla empezó a escuchar unos pasos fuertes de alguien que se dirigía a su cama por lo que salió corriendo de la habitación. Junto con una niñera se puso a buscar la causa pero, como siempre ocurría, no había ninguna. Sin embargo decidió volver a dormir en la habitación no dejando que nada la intimidara
Pero en el mes de noviembre estaba durmiendo en la habitación Chinz, situada encima del vestíbulo ya que en varias ocasiones había escuchado música desde su interior al igual que también había oído cómo intentaban abrir la puerta de la casa a la fuerza, por lo que se trasladó a ella.
Después de Navidades empezó a escuchar murmullos por la casa, como si hubiese personas hablando entre ellas y, aunque en un principio pensó que sería cosa del viento, pronto se percató de que esa no era la explicación ya que en las noche de calma también se oían
EL 27 de Febrero de 1770 la nueva doncella de Mary, Elisabeth Godin, vió a una mujer alrededor de su cama. Pero no era desconocida para ella, se trataba del ama de llaves que ella había sustituido a causa de su jubilación. Después del susto se lo comentó a Mary, el problema era que el día anterior la antigua trabajadora había fallecido siendo enterrada a pocos metros de la casa. Este dato no se lo trasladó a su ama de llave para no asustarla más de lo que estaba
Una noche de Abril, Elisabeth estaba en la cama con fiebre cuando la campanilla de su señora la despertó. Mary le preguntaba a gritos si era capaz de ver a alguien en el pasillo ya que ella tenía la puerta cerrada y notaba perfectamente como alguien trataba de abrirla a base de empujones. Ambas se levantaron y se fueron a registrar la vivienda asegurándose de que todas las puertas y ventanas estaban perfectamente cerrada. Pero el movimiento de la puerta se trasladó al Dormitorio Amarillo y vieron perfectamente cómo la puerta se abría y cerraba contínuamente. Ante esto llamaron a los hombres del servicio y se pusieron a buscar la causa. Otra búsqueda infructuosa…
Las voces nocturnas fueron en aumento y el 7 de Mayo tuvo una noche «movidita» ya que se pasó todo el tiempo buscando por la casa, durmió una hora en el cuarto de los niños, se paseaba por los pasillos y, cuando ya estaba en su habitación, sintió cómo quisieron abrir la puerta principal. Ya estaba amaneciendo por lo que pensó que alguien estaría realmente, se asomó por la ventana para ver el porche pero, como siempre, no había nadie y la puerta estaba cerrada a cal y canto
Mary ya estaba bastante desconcertada por lo que decidió que a partir de ese momento dormiría con alguien en la habitación. Quería testigos de los hechos que además le ayudará a la hora de escribir lo que sucedía. Las voces aumentaban y era capaz de distinguir que había más de una, los ruidos duraban hasta más allá del amanecer, había música que describía como «una vibración de tonalidades armónicas», golpes y puertas que se abrían y cerraban sin motivo alguno. Todo esto lo dejaba bien plasmado día tras día en su diario para que quedara constancia aunque, unos meses antes, se lo comentase al reverendo John Monk Newbolt y a su mujer, ella sentía que necesitaba algo más.
John Jervis fue a pasar unos días a casa de su hermana sin embargo, ella no sabía cómo hablarle del tema que la desconcertaba. Una mañana le dijo «Temí anoche que mis criados te molestase, así que hice sonar la campanilla para enviarlos a la cama» a lo que él le dijo que no había escuchado nada.
Al poco tiempo John se tuvo que ir a Portsmouth y pocas horas después, Mary vivió su peor noche… A las tres de la mañana la despertó un gran ruido y le preguntó a Elisabeth, que dormía con ella, si había escuchado algo. En ese momento se escuchó fuera de la habitación un gran estruendo que «parecía acelerar y caer a una velocidad infinita» a lo que le siguió un «chillido estridente y horrible… que se repitió tres o cuatro veces y fue perdiendo intensidad conforme descendía, pudiera decirse, hasta que se hundió en la tierra». Hanna Streeter, que dormía en la habitación con los niños, también lo escuchó. Las dos sirvientas estaban paralizadas de miedo mientras que la señora Ricketts estaba bastante alterada.
Los días pasaban y las noches no iban a mejor. El día que su hermano regresó a su casa Mary se encontraba con fiebre pero eso no le hizo mermar su cordura así que decidió contarle a John lo que sucedía en la casa al día siguiente.
Sabiendo que su hermano era bastante serio y escéptico, recurrió a la ayuda del revendero para contar todo lo que pasaba en la vivienda desde hacía seis años… Al principio no la creyó pero viendo la desesperación que tenía tanto su hermana como el personal de servicio, decidió pasar esa noche en vela junto con un vecino, Luttrell, para dar caza a las personas que debía estar gastando las bromas nocturnas que atemorizaban a todos los que allí vivían porque para ellos eso es lo que debía estar pasando.
Así que esa noche revisaron todas las puertas, los armarios, las ventanas y los lugares en donde se podía esconder alguien. Se dirigieron a la planta de las habitaciones. Mary dormía con Elisabeth, Jervin en su habitación, Luttrell junto con el asistente de John, Bolton, estaban en la habitación Chintz montando guardia. Se cerró con llave uno de los accesos a la planta superior para dejar sólo la posibilidad de que si alguien subía, tuviese que pasar por la habitación en la que se estaba vigilando
Poco tuvieron que esperar, Mary y Elisabeth escucharon el ya conocido roce de tela en su puerta. La asistente se levantó para llamar a Luttrell cuando éste ya había abierto su puerta mientras preguntaba quién estaba en el pasillo porque había escuchado el mismo ruido. Pero al abrir la puerta vio como algo pasaba por delante de él. Jervis se despertó por la voz de su compañero en el pasillo y fue ahí cuando escuchó cómo había pasos en su habitación. Evidentemente no había nadie
Al salir los hombre al pasillo no vieron nada y la puerta de la habitación de Mary seguía cerrada. Comprobaron toda las estancias y los tres hombres se quedaron en una de las habitaciones hasta que, al amanecer, John volvió a su habitación. En ese momento Mary escuchó como si varias puertas se abrieran y cerraran violentamente incluso notó como un portazo desde la puerta principal que hizo temblar toda la estructura. Sin embargo ni su hermano ni los demás hombres escucharon ese ruido
A la mañana siguiente Luttrell comentó que esa casa no debería estar habitada y John, que era el que menos cosas había percibido aunque sí afirmaba que estuvo escuchando ciertos ruidos a los que no tenía explicación, estaba de acuerdo con la afirmación por lo que sugirió a la hermana que debía marcharse del lugar
Jervis pasó en vela las siguientes noches. En una de ellas Mary escuchó muy cerca de su habitación el sonido de un arma seguido de los lamentos de alguien moribundo. Sin embargo nadie más lo escuchó. A partir de ahí los fenómenos no eran captados por todos aunque estuviesen situados en la misma zona… (Algo que a algunos de nosotros nos ha pasado en más de una ocasión, pero recordemos la fecha 1770 y no se tenía ningún conocimiento sobre estos temas)
Una tarde en la que John estaba dormido Mary se encontraba leyendo en el salón cuando de repente escuchó la campanilla de la habitación de su hermano de una forma violenta. Corrió hacia allí y se lo encontró asombrado ya que había oído un gran golpe en su cuarto, como «la caída de un peso inmenso a través del techo» al lado de un ropero.
Jervis aceleró la salida de su hermana de la casa. Escribió a su cuñado sin saber muy bien cómo dar explicación a los hechos pero le comunicó que ayudaría en el traslado de la familia. Si él se tenía que ir por motivos de trabajo, dejaría a su hermana con personas para protegerla y ayudarla aunque le señaló que Mary sólo estaba agobiada por cómo podía afectar esto a los niños pero que hasta la fecha, los niños no habían notado nada raro en la vivienda.
Curiosamente ningún menor de edad fue testigo de ninguno de estos hechos, era como si no les afectara. Si pensamos en lo que sabemos hoy en día sobre los fenómenos poltergeist, este caso es todo lo contrario, no está vinculado con ninguna persona joven.
Jervis se marchó pero mantenía correspondencia con su hermana. En una de esas cartas (que se conserva en la Biblioteca Británica) le comenta sus sospechas sobre Luttrell, pensaba que era él el que originaba los ruidos aunque lo que trataba era de encontrar una explicación a lo que había vivido. Por su parte, su hermana le escribió para contarle las referencias que había encontrado sobre la vivienda en tiempos pasados. Así fue cómo le explicó que sobre Hinton existía la creencia de que esa casa estaba encantada ya que en la época de sus anteriores dueños, la familia Stawell, hicieron referencia a ello y que pensaban que los moradores de la casa podían ser lord Stawell y la tía Honoria ya que habían fallecido allí
Afortunadamente no tuvieron problemas a la hora de decirle a su arrendataria que dejaban la vivienda. Quizás Lady Hillsborough ya sabría lo que ocurría en esa casa ya que era familiar directa de los Stawell y por eso no puso objeción en su marcha aunque seguiría como inquilina aunque no viviera allí
Gracias a las buenas relaciones que tenía Mary con la Iglesia, algunos de sus miembros les dió cobijo en su casa mientras se mudaba. Al principio se trasladó a la casa del reverendo Newbolt pero el obispo de Winchester estaba intentando que se quedaran en el Castillo de Wolvesey. Al final estuvo alojada en las casas de dos obispos y de un canónigo mientras su historia iba corriendo por ciertos círculos, sobre todo el eclesiástico por lo que es por esa razón por la que el Arzobispo de Canterbury, al cabo de muchos años, le pudo contar la historia a Henry James
Mandó a sus hijos hacia Winchester mientras que ella terminaba de recoger la vivienda, pero no se quedaba allí, sino que lo hacía en la casa de la familia de los Camis. Pero en una de las veces en las que se encontraba empaquetando sus pertenencias tuvo un último encuentro con el fenómeno. pero en esta ocasión los detalles de lo que ocurrió no los dejó por escrito. Sólo puso esta referencia «Cuando regresé a la mansión, pronto me vi asaltada por un ruido que no había oído jamás, y el terror que sentí es indescriptible». Quizá el miedo le pudo en esta ocasión
Con el tiempo Mary no estaba dispuesta a hablar del tema pero sí dejó numeroso escritos a sus nietos. En uno de ellos, que se encuentra en la Biblioteca Británica, comenta cómo le contó al obispo de Winchester lo siguiente: «Le dije que Robert Camis sintió por tres veces que le llamaba desde la ventana una voz que él recordaba bien, la del administrador de lord Dartmouth. Dijo haberlo invocado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo… este administrador robó las hebillas de oro de su señor y de él se sospechaban otras deshonestidades» Curiosamente hay una escena exactamente igual como la que describe Mary Ricketts en la película los Inocentes… Un fantasma en la ventana…
Mientras que la casa estaba vacía, Mary Camis y su hija Martha se acercaban a menudo. Un día, mientras se encontraban en la cocina escucharon un «quejido lúgubre y muy fuerte» que procedía de la habitación del ama de llaves. Pero no se quedó ahí la aparición de los fenómenos… Otro día, a las once de la mañana, Martha estaba cosiendo en la cocina cuando escuchó «un ruido seco, como un trueno» que hizo temblar las ventanas. Ese ruido procedía de la Habitación Amarilla…
Al acabar el contrato de alquiler, Lady Hillsborough volvió a arrendar la casa. Los Lawrence conocían perfectamente todo lo que se decía de la vivienda y dieron orden a sus trabajadores de que no mencionaran nunca lo que ocurría. Un año más tarde abandonaron la casa sin avisar a nadie ni dar ningún tipo de explicación.
En 1772 Mary regresó a Hinton Ampner y se alojó en la casa del párroco. Allí se dispuso a redactar una extensa crónica de los sucesos. Quería que sus vivencias llegara a sus descendientes tal y como ella lo vivió y no sólo por lo que contaban los rumores ya que, seguramente, les llegaría bastante tergiversado
En 1793 el nuevo Lord Stawell mandó derribar la casa para construir otra, de estilo georgiano, a unos sesenta metros de distancia de la anterior. Mientras derribaban la vivienda se llevaron una sorpresa: se encontraron una caja en cuyo interior encontraron un cráneo pequeño, más bien simiesco, aunque también pudiese ser de un bebé humano
Gracias al empeño de Mary Ricketts unido a la curiosidad de sus descendientes, que siguieron entrevistandose y recogiendo información de las personas que fueron testigos de todos estos sucesos, se considera que los fenómenos paranormales de Hinton Ampner son los mejores documentados de la historia. Además, lo mejor de todo es que esos escritos siguen existiendo a día de hoy…
Pero además de estos escritos podemos encontrar referencias de este caso en numerosos libros que se han ido publicando desde casi esa fecha hasta el día de hoy:
En 1830 la escritora France Williams Wynn escribió un relato en su diario que estaba basado en este caso que tuvo mucho éxito cuando lo publicaron en 1864
También el mismo año, el escéptico Walter Scott trató este tema en su libro «Letters of Demon»
En 1837 Richard Barham lo incluyó en su libro de leyendas «Ingoldsby Legends» y en el 1870 en el libro «The Life and Letters of Richard Barham» abordó la historia aunque bastante adornada
En 1871 la bisnieta de Mary Ricketts, la señora de William Henley Jervis, se tuvo que poner en contacto con la revista Gentleman´s Magazine, cansada de leer libros en los que la historia se estaba tergiversando. Hay que tener en cuenta que ella tenía uno de los relatos que Mary escribió
En 1893 Lord Bute edita la documentación de los Ricketts para incluirla en el «Journal for the Society for Psychical Research»
En 1943 Sacheverell Sitwell reproduce en su libro «Poltergeist» gran parte de la documentación extra que recabó la familia con el paso de los años
En 1945 Harry Price en su libro «Poltergeist over England» rememora en su obra el encuentro que tuvieron los trabajadores de la casa con el fantasma de la cocina
En 1968 Ralph Dutton, familiar directo de la familia Ricketts que, además, fue el último inquilino de la nueva casa de Hinton Ampner y que tenía en su poder un ejemplar impreso del relato, publicó «A Hampshire Manor».
Cuando Dutton dejó la casa la donó al Estado pasando a ser propiedad del Patrimonio Nacional Británico y el relato de la familia está en la Biblioteca Nacional. Hoy en día la vivienda está abierta al público y se hacen visitas en ella, eso sí, sin hacer mención en ningún momento a los extraños sucesos que ocurrieron a unos escasos sesenta metros…
Y llegamos al libro que nos ha servido de fuente para relatar todo los sucesos que os hemos contado, «La Historia de los Fantasmas» de Roger Clarke, publicado en 2016 y que hace un gran recorrido de casos que han ocurrido durante 500 años. Un libro que recomendamos que no os perdáis ya que está plagado de datos que, sin lugar a dudas, no os dejarán indiferentes
¿Y si nos vamos a dar una vuelta por los jardines de Hampshire?
J.R. y S.V.















