EL CRIMEN DEL HOSTAL EL CID DE FUENGIROLA.

La mirada impresionada de Salvador Dalí parece un macabro anuncio de la tragedia que se esconde tras la puerta sobre la que se halla impresa. Es la foto de la habitación 505 del hostal temático El Cid, en Fuengirola. Los trazos irregulares del precinto policial confirman que ha sido el escenario de un crimen. Llevaban unos días en Fuengirola, de vacaciones. Dos jóvenes suecas de 19 años celebrando el fin de curso. La víctima Sandra Eleanora Karlsson y su compañera. Al igual que el año pasado, reservaron una habitación en el Hostal El Cid. Era el 18 de junio del año 2.011. Aquel mismo día las dos amigas tenían previsto el regreso a Suecia después de cinco días de diversión en la bonita ciudad costasoleña.


Una planta más abajo hay otro precinto. Habitación 404, también capicúa. Beethoven. Allí se alojaba hasta ayer Abselam B., marroquí de 30 años.
Abselam llegó a Fuengirola el viernes. El marroquí, que tenía tarjeta de residencia en España, había trabajado en la construcción, aunque ahora estaba en paro. No le constan antecedentes policiales. Había vivido en la localidad granadina de Las Gabias, aunque últimamente paraba por Mijas costa, donde arrendó un piso. El jueves finalizó el contrato de alquiler, por lo que buscó habitación en el hostal. Solo reservó para un día.
Al parecer las dos chicas conocieron al asesino en una discoteca unas horas antes, aunque esto no está de todo confirmado, se basa en testimonios de algunos testigos.


Los hechos sucedieron sobre 03:30 de ayer. Poco antes de esa hora, las chicas regresaron al hotel y recogieron su llave para subir a su habitación, la 505. Justo después llegó al establecimiento Abselám . Según el relato de Carlo Lombardi, propietario del hostal, el recepcionista de noche le relató que el criminal llegó con un vaso en la mano y con síntomas de estar bebido. Lo que ocurre a continuación queda registrado en las 22 cámaras de seguridad de las que disponía el establecimiento. El asesino viste un pantalón vaquero y una camiseta estampada . Entra y sale de su habitación y a la citada indumentaria añade una chaqueta bajo la cual oculta un cuchillo de cocina de grandes dimensiones. Este cuchillo no formaba parte del menaje del hostal, al estar la cocina cerrada. La siguiente secuencia de imágenes lo sitúa en diferentes pasillos del hostal intentando abrir las puertas de algunas habitaciones. Sólo lo consigue en dos cuyos inquilinos no han echado la llave. En el primer caso vuelve a cerrarla rápidamente, como si los ocupantes del alojamiento le impidieran entrar o le llamaran la atención. En el segundo, la habitación 505 que ocupan dos jóvenes suecas, entra sin resistencia y cierra la puerta. Minutos después, la misma cámara, que tiene a tiro todo el pasillo y graba en modo nocturno al estar la luz apagada, recoge imágenes aterradoras. Una de las dos jóvenes sale en pijama de la habitación a toda prisa, gritando y tropezando con varios objetos de un pasillo que recorre a tientas buscando la escalera. En este punto, otra cámara de seguridad graba a la joven en un plano más corto en el que se aprecia como el miedo y la oscuridad le sacan los ojos de las órbitas. Cuando comienza a bajar las escaleras, la chica busca apoyo en la pared y deja un claro rastro de sangre. Ya en recepción, la joven grita y pide ayuda al recepcionista, que parece indicarle la puerta de salida. Ella sale, el empleado del hostal llama a la policía y la chica vuelve a entrar en evidente estado de shock. De nuevo en la quinta planta, el pasillo sigue a oscuras y las imágenes verdosas recogen al mismo hombre saliendo de la 505. Se dirige al ascensor y presiona el botón justo en el momento en que la luz de la estancia se enciende. El huésped se observa a sí mismo y comprueba que tienen las manos manchadas de sangre. Acto seguido, mira fijamente a la cámara y vuelve a entrar en la habitación de las chicas.


La grabación muestra de nuevo la recepción, donde el hombre ha bajado sin la chaqueta pero con la ropa ensangrentada. Tras unos segundos apoyado en el mostrador, entra en escena otro huésped que ha bajado alertado por los gritos. Es un policía en prácticas desarmado que sólo viste unas bermudas y calza unas chanclas. El agente, algo nervioso, se sitúa entre el presunto agresor y la puerta para evitar que se escape. Le pide varias veces que no se mueva hasta que finalmente le enseña su placa. Tras unos segundos de mucha tensión, un policía uniformado entra en el hostal con la mano sobre la pistola. Sin llegar a desenfundar, le pide al sospechoso que se dé la vuelta para esposarlo. El hombre obedece, pero antes hace un gesto para pedir perdón.


Finalmente, el agente en prácticas, un compañero uniformado y una mujer que asegura ser doctora entran en la habitación 505 y encuentran el cadáver de una chica.


A su asesino se le imputan los delitos de asesinato, tentativa de homicidio, agresión sexual y robo.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.